Maravillas Microscópicas 2

El 29 de enero del 2026, en la Cámara de Diputados de México, se celebro la presentación del libro “Microscopico Wonders. The Science of Seeing the Invisible” (lo pueden adquirir aquí). Enseguida, comparto el texto de mi intervención en esta ocasión.

Estimado Diputado Sergio Mayer, Diputado Santiago González, estimadas y estimados colegas y miembros del público:

Espero desayunaron bien esta mañana, porque los quiero llevar mentalmente a un rancho en el Estado de Hidalgo para comer una barbacoa, con tortilla y salsita a su gusto. Tómense un momento a saborear. Mientras, les invito a contemplar antecedentes que hicieron posible el desayuno. Meses antes, el borreguito que cuidaron, el maíz que sembraron y cosecharon y nixtamilizaron; días antes, el sacrificio del borrego, la separación de la carne de su piel y vísceras, enrollarlo con las hojas del maguey, abrir el hoyo en la tierra; justo ayer, encender la leña, dejar la carne cocinar y hasta esta mañana, preparar las tortillas y la salsa. Ahora, imaginan por favor que aparte de nosotros gozamos con la presencia de un príncipe de Arabia, quien al degustar la barbacoa se fascina a tal grado que investigó y tomó nota de todos los detalles de su preparación. Regresa a su palacio, llama a su Chef y le instruye: “Mañana quiero que me preparas una barbacoa”. Lo que no sabe nuestro príncipe, es qué, durante su viaje a México, el virus de viruela infectó los borregos y su presidente municipal decidió exterminarlos – en el momento hay escasez de carne de borrego, ni hablar donde conseguir hojas de maguey o chiles o maíz nixtamilizado. Ven, entonces, que el Chef tiene un problema difícil a resolver.

Estoy aquí presente por haber contribuido la introducción de las maravillas microscópicas que pueden encontrar en el libro del Dr. Rosas Arellano y sus colaboradores; muy agradecido por la amable invitación del Diputado Sergio Mayer y por su interés para promover la ciencia y cultura en México y el mundo. Permiten que me presento. Soy de origen griego. Estudié Biología en mi país, realicé mi doctorado en uno de los institutos Max-Planck en Alemania, mi posdoctorado en otro de los institutos nacionales de Salud en Estados Unidos, luego fui profesor en la Universidad Queen Mary de Londres, Reino Unido y desde 2012 estoy investigador del Cinvestav. En las tres últimas décadas he realizado numerosas estancias, típicamente de dos a tres semanas, en varios países de Europa, pero también en China, Japón, Argentina, Brasil y Canadá. En todas estas geografías he conocido personas por primera vez y al escuchar que vengo de Grecia se emocionan y me dicen: ¡Qué orgullo ser del país de Plato y Socrates, Aristoteles, Pitagoras, Demokritos, Epicuros, Homero! ¡Conocen a mi país hace 2500 años! Pregunta: ¿Será porque solo entonces en dicha geografía las ciudades invirtieron en ciencia, cultura, tecnología, filosofía?

Otra pregunta que me hacen es ¿Qué es el Cinvestav? Típicamente viene de personas que saben sobre la gran inversión estatal de Alemania a los Institutos Max-Planck que convierten estas instituciones a referencias mundiales de prestigio científico, instituciones a las cuales el gobierno acude para resolver los más complejos problemas que enfrenta la sociedad; ejemplo reciente: la pandemia de Covid. Entonces contesto: “El Cinvestav es para México lo que son los Institutos Max-Planck para Alemania”. En 2018, visita oficialmente a México el presidente de la Academia de Ciencias de China junto a varios directores de sus Centros de Investigación y nos reunimos en el Cinvestav. En esta reunión nos hablaron de sus investigaciones con materia recogida de la parte oscura de la luna (es la parte que no se ve desde la tierra) y de nuevas formas de vida que están descubriendo a más de 10 mil metros de profundidad bajo el mar, halagando sus submarinos y naves aerospaciales entre otras cosas. Ustedes saben que la población de China es 10 veces más grande que la población de México. Sin embargo, la Academia de Ciencias de China, tiene 100 veces más investigadores que Cinvestav. Somos 600, ellos 60 mil. Para cada peso que invierte México a Cinvestav, China invierte no 10, no 100, ni 1000, ni 10 mil si no 55 mil pesos a su Academia de Ciencias. Dimensionan por favor: 2 pesos al Cinvestav, 110 mil a la CAS. 100 pesos al Cinvestav, 5 millones 500 mil pesos a la CAS. 

Escuchando estos datos, pregunté al entonces director del Cinvestav porque no usa ese tipo de información en sus gestiones para las requeridas inversiones públicas. El director me explicó que las usa, pero que la respuesta de parte del gobierno es que entienden la importancia, sin embargo, si invierten cómo quisieran en el Cinvestav, luego los otros centros de investigación y universidades del país pedirían algo similar y que eso superaría las posibilidades de hacienda. Escuché el argumento en 2018 y me quedé pensando sobre la problemática de repartir presupuesto público, nuestros huéspedes diputados la conocen mucho mejor. Luego vino la pandemia. Desde el Cinvestav trabajamos inmediatamente a entender, detectar y combatir el virus Sars-Cov-2 y, en mi caso, fui invitado acompañar al Gobernador del Estado de Hidalgo Omar Fayad en una visita al Instituto Paul Scherrer de Suiza para presentar nuestras investigaciones. Escuchando que Suiza invierte 60% de su presupuesto total destinado a la ciencia a solo tres instituciones de lujo (el ETH en Zürich, la escuela politécnica de Lausanne y el Instituto Paul Scherrer donde está su sincrotrón nacional) y solo lo demás 40% a decenas de universidades e institutos más pequeños, pregunté al director del Instituto Paul Scherrer cómo convencían a los políticos invertir de forma inequitativa el presupuesto. Me contestó que tanto los políticos cómo los científicos entienden que algunas infraestructuras son tan costosas para construir y mantener que un país no puede tener muchas de ellas, entonces el acuerdo que llegaron fue que el gobierno invierte a las tres mejores instituciones y ellas se comprometen a dar acceso a los equipos y entrenamiento a todas y todos los demás investigadoras o universitarios del país. Me parece una solución inteligente.

México hace algo muy bien. Me refiero a su provisión de becas para estudiar el posgrado, el posdoctorado y su sistema nacional de investigadoras e investigadores. Fueron estas becas que permitieron al autor del libro formarse en la UNAM, seguir formándose en el Cinvestav, conocer a fondo los microscopios y escribir el libro. El Dr. Rosas Arellano es uno de los mejores maestros que conozco, su pasión de transmitir a los estudiantes no solo como usar los microscopios para poder ver cómo se organizan y mueven los seres vivos a nivel molecular, pero también les enseña cómo se descubrieron y funcionan estos instrumentos que cada vez van mejorando y adaptando a nuevas problemáticas y usos. Incluso descubrió al increíble talento de Fabiola García Zamorategui cuya pintura con tinta china supera cada expectativa. Verán, es fascinante, y seguramente decidirán pedir su copia en línea, porque fue escrito no solo para los estudiantes del doctor o los microscopistas de México, si no para el público en general y para todos los microscopistas del mundo. Antes de ceder la palabra, y dado que en la introducción que leerán en el libro decidí situar la obra en su contexto histórico y geográfico del México contemporáneo, les cuento un dilema fuerte que tuve que resolver al escribirla y con esto termino.

En 2017, el premio nobel de química se otorgó para el descubrimiento de un nuevo tipo de microscopios que se habían metido en uso solo cinco años atrás, y combinan además de microscopía electrónica, un espacio tremendamente frio para inmovilizar las estructuras minuciosas y una computadora que procesa millones de imágenes de dos dimensiones del mismo objeto microscópico, transformándolas en la estructura tridimensional del objeto. Así podemos conocer, por ejemplo, las estructuras de las proteínas (sustancias que nos componen). Tengo que decir que la primera estructura que se resolvió requirió más de 20 años de trabajo continuo en Cambridge Inglaterra desde los treinta hasta finales de los años cincuenta del siglo pasado. En otra historia famosa de la misma más o menos periodo, Rosalinda Franklin trabajo 16 meses sin parar un día para obtener la imagen que ayudó resolver la estructura del ADN, hallazgo que nos permitió por primera vez explicar porque los nietos parecen a sus abuelos en forma y comportamiento. 50 años después, entrando al nuevo milenio, el tiempo no se había reducido en menos de un año por estructuras simples, seguía varios años para estructuras más complejas. Es en este contexto que el nuevo microscopio desde 2012 permite obtener las estructuras en unos días. Vivimos entonces una carrera de las mejores instituciones del mundo de contratar las pocas investigadoras jóvenes entrenadas en estos equipos y, obviamente, adquirir los equipos. El Cinvestav no fue excepción, contratamos a un joven investigador y construimos, aprovechando el nuevo edificio que hospeda el Centro de Investigaciones sobre el Envejecimiento en el Campus Sur de la Ciudad de México, un espacio para acomodar el nuevo microscopio. Sin embargo, el presupuesto para adquirir el microscopio nunca fue autorizado y el joven investigador ya no es tan joven, diez años después de su contratación. 

La calidad excepcional del libro del Dr. Rosas Arellano resulta porque él y sus coautores conocen los instrumentos que nos presentan. ¿Cómo iban a conocer la cryo-electro-microscopía? El reclamo que les hice en la introducción, que uno esperaría un capítulo final con la revolución científica que vino con la llegada de cryo-electro-microscopía no difiere mucho del reclamo que recibió el Chef al ofrecer la comida el siguiente día, porque el príncipe no encontró en ella el delicioso sabor de la barbacoa hidalguense. Dr. Rosas, le pido una disculpa, sé que usted entendió las razones de la crítica; Diputados Mayer y González, les felicito por esta presentación, les agradezco el honor de la invitación y procedemos a conocer más el libro de las palabras de los propios autores. 

Gracias.

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